La Contraquerencia

LOS DIEZ MANDAMIENTOS DEL TOREO DE FRASCUELO.

 

 

Salvador Sánchez Povedano, Frascuelo en los carteles. Nace el 21 de diciembre de 1842 en Churriana un pueblecillo de Granada. Fallece el 8 de marzo de 1898 en Madrid. Tenido por uno de los más grandes estoqueadores de toda la historia de la tauromaquia, Frascuelo tomó la alternativa en 1867 de manos nada menos que de Francisco Arjona, Cúchares y mantuvo una encarnizada rivalidad con Rafael Molina, Lagartijo, que duró desde 1868 hasta 1889.

Al retirarse del toreo, Frascuelo fijó su residencia en Torrelodones, en la Finca denominada Monte Gasco, debido al buen aire que en ella se respiraba, y donde aun hoy puede verse una verja con el hierro de su ganadería.

 

Siendo aún niño se traslada con su familia a Madrid, donde se forma como matador tras haber actuado como banderillero y en mojigangas, como era común en la época

En 1868 coincide por primera vez con Lagartijo y comienza una rivalidad que dividió España en dos bandos y sólo tiene parangón con las que mantuvieron Pedro Romero y Costillares o Joselito y Belmonte.Fueron memorables sus faenas en Madrid los días 19 de septiembre de 1869 y 22 de octubre de 1871, llegando la apoteosis al estoquear seis toros en la corrida de la Beneficencia de 1874. Otros hitos en su carrera fueron la muerte del último toro lidiado en la vieja plaza de la calle Alcalá el 9 de julio de 1874 y la corrida de la Beneficencia de 1882, mano a mano con Lagartijo. Ya en franca decadencia, tras recibir diversas cornadas de gravedad, se retira de los ruedos a principios de la temporada de 1889, transladándose a la finca el Gasco, en Torrelodones.

 

Allí escribió un decálogo que tituló “Los diez mandamientos del toreo”.

Este decálogo no vio la luz hasta que el 26 de marzo de 1925 el prestigioso crítico taurino Corinto y Oro, lo desempolvara y publicara en la revista Mundo Gráfico.

 

Lo primero que me llama la atención de estos diez mandamientos, además del lenguaje castizo con que están redactados, es la sorprendente actualidad que algunos de ellos tienen hoy en día, más de un siglo después de haber sido escritos por Frascuelo.

 

Lo segundo es que sea un matador de toros, aunque ya mayor y retirado, tal vez por eso libre de toda servidumbre o compromiso con las empresas y sus propios compañeros, quien denuncie con tanto desparpajo algunos de los males que ya entonces aquejaban a la fiesta. No sé si era habitual antaño, pero desde luego no lo es hogaño, encontrar entre las figuras del momento, voces tan críticas y alejadas del acostumbrado corporativismo del gremio, como ésta de Frascuelo.

 

Aquí van sus diez mandamientos del toreo:

 

Primero: amar a Paquiro sobre todas las coletas.

Segundo: No jurar que vas a meterte en el morrillo de los toros para luego no arrimarte nada.

Tercero: Santificar la fiesta española, entendiéndose que santificarla no es tirar el pego.

Cuarto: honrar a la afición que da cuanto se le pide y más de lo que puede.

Quinto: no matar como Rafael el Gallo.

Sexto: no amolar tanto a los toros ni a las espectadores.

Séptimo: no hurtar las ingles a las arrancadas de los astados, ni hurtar tantos billetes como se viene haciendo.

Octavo: no decir en los telegramas que tú estuviste colosal y tu compañero desastroso.

Noveno: no desear la cupletista o super-tanguista de tu prójimo.

Décimo: no codiciar el contrato del colega; ni el colchón del zapatero, del hojalatero y del tapicero, cuando el colchón va a la casa de empeños para luego no ver más que huir a los toreros de arriba, de abajo, de la derecha y de la izquierda.

 

Jugoso decálogo y encomiable actitud la de Frascuelo. De ella podrían tomar nota la mayor parte de los toreros de hoy, incluidos algunos ya retirados que se dedican a ejercer labores de comentarista taurino en diferentes medios.

 

Todos ellos tuvieron mucho que ver con el toreo y el modo de entender el toreo en épocas no tan lejanas en el tiempo como en el espíritu de quienes hoy hacen la fiesta.